Un pequeño recorrido
por un lugar lleno de historia
Una casona de fachada en tono amarillo con diez ventanales
de madera, particular del estilo colonial, resalta en la avenida 4 de la
ciudad. A dos cuadras de la catedral ubicamos
esta preciosa casa, la del General Juan Antonio Paredes, prócer de la
independencia, y actual sede del Museo de Arte Colonial de Mérida.
Al cruzar el zaguán de esta bella casa entras en
uno de los espacios más conservados de la Mérida Colonial -distante de la
ciudad moderna visible a primera vista- en cada uno de los rincones de la casa del
General Paredes es propio el olor a madera, la sensación de tranquilidad y la
amabilidad de cada una de las personas que se dedican a la labor de difusión cultural
en este museo. Entre ellos, está el señor Carlos Martínez, licenciado en
historia y educación, y es el encargado en esta oportunidad de darnos un
recorrido por todo el lugar. De forma apasionada, vivaz y atenta, el señor
Carlos comienza a guiarnos en esta visita al Museo de Arte Colonial:
- - Empezamos por la primera sala, se le
denomina sala quiteña porque todas las obras de arte de esta sala provienen de
la antigua provincia de Quito…
Las visitas
guiadas en el Museo de Arte Colonial en algunas ocasiones son programadas con
anticipación, como es en el caso de grupos grandes de estudiantes o turistas,
no obstante, es posible que si te encuentras en un grupo pequeño o sin
compañía, puedes pedir asesoría o hacer preguntas, y de forma amena serán
respondidas por el personal experto del museo.
En esta primera sala se percibe el realismo e
hiperrealismo de las creaciones: el rostro de agonía de Jesús en el calvario,
las gotas de sangre que pasean por su cuerpo, junto a una dentadura y barba
bien definidos dan vida a una obra perteneciente a la familia del prócer
Vicente Campo Elías.
- - Podemos observar a San José en su
retablo. San José como padre de Jesús con la flor de lis dorada que lo
representa como el esposo de María. El retablo es aquella pieza artística destinada al traslado de
cualquier santo o en su defecto de lo que serían las hostias. Explica el
licenciado Carlos mientras continuamos con el trayecto.
En gran parte del arte expuesto puedo observar la
flor de lis, la cual es una representación simbólica del lirio, y que según
nuestro guía, representa la pureza y santidad.
La colección de obras de este museo da una visión
del arte de los siglos XVII, XVIII, XIX hasta la primera mitad del siglo XX,
siendo la simbología del catolicismo y el sincretismo aspectos característicos.
- - El nicho más antiguo que tenemos es el
retablo de la virgen Inmaculada Concepción, de 1590. La virgen está acompañada
por ángeles y querubines, pero en la parte superior vemos una concha marina, eso
implica que es pura y casta, un sincretismo de la antigua religión griega con
la diosa venus.
Siguiendo con el recorrido pasamos a la sala número
dos: la sala de arte latinoamericano y lo primero que se hace visible ante mis
ojos es la pieza denominada “Cruz Verde” que simboliza la “vida en cristo”.
Esta cruz está entrelazada con rosas y en su base tiene una piña, donde las
rosas hacen alegoría a la belleza virginal de María, madre de Jesús y la piña
se relaciona con el mismo fruto rey.
La sala de arte latinoamericano fue inaugurada en
junio de este año como producto de un trabajo de selección de obras artísticas
realizado por dos estudiantes de artes visuales de la Universidad de Los Andes.
María Castellanos y Darlin Rivas, realizaron este proceso de curaduría para la
construcción de la sala de arte latinoamericano con obras procedentes de
México, Perú, Ecuador, Bolivia y Venezuela, con el fin de mostrar la dinámica
que se creó en el hecho colonial entre estos países.
Obras de índole católico son las que llenan de arte
e historia estos espacios, vírgenes de cabellos lacios (las europeas) junto a
una mayor cantidad de vírgenes de cabellos rizados (las latinoamericanas) dan
evidencia del proceso cultural de la actividad en torno al arte en la colonia.
El señor Carlos continúa explicando cada obra y
contando anécdotas de las mismas, lo observo con atención y me dirige hacia
otra de las salas, la número tres, donde cambiamos de obras pero no de concepto.
En esta sala se muestra parte de un mobiliario colonial de diseño
personalizado, en el que son visible las iniciales del arquitecto de origen
español Manuel Mujica Millán (M.M.M), fallecido en Mérida siendo uno de los más
reconocidos profesionales de la arquitectura venezolana por obras como el
Panteón Nacional, la Catedral de Mérida y el Rectorado de la Universidad de Los
Andes.
Las dos salas que nos quedan por visitar son
espacios con escenificaciones singulares. La sala número cuatro escenifica un oratorio.
Te adentras en una capilla de la colonia, hay un retablo, pero este no se
encuentra adherido a la estructura de la casa, puesto que, alguna modificación
a la misma podría hacerle perder su título de patrimonio cultural.
San Francisco de Asís, San Pedro, la Inmaculada
Concepción, Santo Tomás de Aquino, San José y Santa Rita con su estigma en la
frente son los personajes que protagonizan esta sala sobre el retablo de madera
policromada. Todas obras originales de la época colonial.
Al salir del oratorio, el patio central es brillante
gracias a la iluminación natural de la mañana en el que resplandecen las
plantas que adornan el espacio alterno del museo.
Camino hacia la siguiente sala, nos encontramos con
unas rocas grandes dispuestas a lo largo del espacio alterno, son una colección
de cantos labrados del antiguo templo franciscano de Mérida que fue destruido
por el terremoto de 1812.
Ya entramos al área ambientada en una sala de casa
colonial, con objetos donados por distintas familias o por la misma iglesia
católica. Un amplio comedor de madera, un piano de madera recubierto de marfil
con apliques en bronce pulido y con el aviso de “no tocar”, una licorera no
apta para el uso actual, muebles, un baúl de madera con repujado andaluz, un
secretero bargueño, que por lo general era para las chicas, y funcionaba como
escritorio, gavetero y como baúl para viajar, y un espejo con marco de madera y
hojilla de oro colgado en la pared.
- - Las señoritas de la época colonial se
sentaban en estos poyos a recibir visitas. Se sentaban junto a la ventana, la
abrían y allí recibían a los pretendientes…Hay historiadores que cuentan que un
pretendiente pasaba mínimo cuatro años para entrar en la casa de la chica, por
eso recibían la visita por la ventana. No como ahora que a la semana dicen vengase
pa’ acá –entre risas-…
Hemos llegado al final del recorrido, me falto el
traspatio, el espacio donde se realizan los talleres educativos en el museo, y
que por cierto esa mañana, un grupo de niñas se encontraban allí muy concentradas en su
clase de dibujo.
Por Ottymar Peña



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