El Museo de Arte Colonial de
Mérida, único por su rica colección de obras iberoamericanas
A la izquierda Guillermo Ibarra, promotor cultural del museo en una visita guiada a una estudiante. Foto: Ottymar Peña
En mayo de 1963 el Dr.
Luciano Noguera, para ese entonces Gobernador del estado Mérida, junto al
Profesor Gustavo López, Secretario General de Gobierno, y en colaboración con
el Dr. Pedro Rincón Gutiérrez, Rector de la Universidad de Los Andes, adquieren
una importante colección privada de arte colonial perteneciente al
coleccionista León Alfonso Pino, quien por esos años ejercía funciones de
cónsul en Ecuador.
La colección que da
vida al Museo de Arte Colonial, se encuentra en la actualidad con una sede fija
desde 1994, en la casa de la familia del prócer de la independencia Juan
Antonio Paredes. Esta edificación es una de las más antiguas de la ciudad, su
construcción data de los años 1690 y 1710, aún conserva su carácter colonial, y
a su vez es un monumento histórico nacional, declarado así en 1962.
La
Colección que da vida al Museo de Arte Colonial
La colección resguardada
y preservada en el Museo de Arte de Colonial conforma una de las muestras de
arte más completas del país. En sus inicios, según el catalogo del Museo de
Arte Colonial de 1963, esta institución cultural contaba con una colección de
86 obras provenientes de Ecuador, Bolivia, México, Perú y Venezuela.
En su mayoría, los
autores de las obras artísticas son anónimos pertenecientes a las Escuelas
Coloniales de Quito, el Cuzco y del Alto Perú, durante el Virreinato (siglos
XVI y XVIII) en compañía del arte colonial producido en nuestro país, también en
aquellos años.
Lo que explica el
anonimato en la mayoría de los óleos, tallas, ebanistería y orfebrería, se
encuentra en estrecha relación con las raíces indígenas de los autores.
“Pero, por sobre todo,
las formas y los hallazgos cromáticos, conseguirá escuchar distintamente la voz
– si acaso el gemido – de una raza que habiendo cerrado magníficamente los ojos
al Sol de su adoración, supo encarnar el rostro de Cristo – con un dolor que
era el suyo propio, traducido al óleo y a la madera – para el culto de las
Iglesias del Catolicismo (…) Se llamaban Melchor Pérez de Holguín, Pampite,
Manuel Chilli Caspicara, Sangurima, Samaniego. Otros, los más, no tuvieron un
nombre para nosotros. Son únicamente los indios pintores anónimos”. (César
Dávila Andrade, 1963).
Las obras que conforman
esta colección son de un valor histórico especial, no solo para nuestra ciudad,
sino para nuestro país y Latinoamérica, pues son parte de la memoria que conforma
nuestra identidad.
Cada
sala, un sentido distinto en una misma dirección
El Museo de Arte
Colonial de Mérida exhibe sus obras en un total de cinco salas, cada una cuenta
con una ambientación particular que traslada al visitante a la época de la
colonia donde la influencia europea es primordial. El recorrido en el museo se
puede realizar solo o también en compañía de alguno de los promotores
culturales que son parte del personal que hace vida en esta institución.
Sala
quiteña
Las obras que se pueden
observar en esta sala son provenientes de Quito, Ecuador, destacando las
características hiperrealistas de varias de las piezas tridimensionales.
Aunque hay gran
variedad de esculturas, quizá la pieza central de esta sala es “El Calvario”,
según el historiador Carlos Martínez, quien es uno de los promotores culturales
del museo; “El calvario es el punto protagónico del cristianismo, en esta obra
se observa la agonía de Cristo y las inscripciones INRI, aquí está el rey de
los judíos. Se encuentra acompañado por la virgen María, María Magdalena y el
apóstol Santiago, todos estos santos en la parte inferior están representados
por la flor de lis y siempre es vinculado a la virgen María”, explica.
Sala
de arte latinoamericano
Las piezas exhibidas en
esta sala, en su mayoría, provienen de países como Perú, Ecuador, Bolivia,
México y, la anfitriona, Venezuela. Esta sala fue el producto de un trabajo de
curaduría hecho por estudiantes de artes visuales de la Universidad de Los
Andes. María Castellanos y Darlin Rivas, procuraron con este trabajo exponer
las similitudes y particularidades de las obras artísticas de cada uno de estos
países latinoamericanos en la colonia. Es posible observar similitudes en formas,
colores y materiales, un ejemplo es la predominancia del color rojo y la
presencia de formas referentes a flores como la flor de lis y las rosas, que se
vinculan a la pureza y a la virgen María.
Una de las piezas que
más llama la atención de la sala de arte latinoamericano es un óleo sobre tela procedente
de Bolivia, titulada la “Coronación de la Virgen”. En esta obra particular se
observa la trifacialidad de Jesucristo, es decir, se observa el rostro de tres
figuras de Jesucristo coronando a la virgen. Según Carlos Martínez, este tipo
de obras eran prohibidas por el catolicismo puesto que se consideraban como
obras demoniacas, sin embargo, al pasar de los años esta visión cambio.
Obra "Coranación de la Virgen" óleo sobre tela. Anonimo procedente de Bolivia, del siglo XVII. En la sala de arte latinoamericano. Foto: Ottymar Peña
Obra "San José", óleo sobre metal, grabado procedente de Ecuador. En la sala de arte latinoamericano. Foto: Ottymar Peña.
Sala
de Manuel Mujica Millán
Esta es quizá la única
sala de exhibición que sale un poco de la temática netamente colonial, puesto
que las obras que ostenta este espacio son parte del mobiliario del arquitecto
Manuel Mujica Millán, español de nacimiento pero que dedico su vida profesional
a la arquitectura venezolana en la primera mitad del siglo XX, y famoso por el
diseño y construcción de obras como el Panteón Nacional, el Rectorado de la
Universidad de Los Andes, la Catedral de Mérida o la reconstrucción de la
Gobernación de Mérida. No obstante, el mobiliario de esta sala tiene gran
influencia europea, pues fueron elaboradas en España con la peculiaridad de la
inscripción de las iniciales del arquitecto español (MMM) en cada pieza de
madera.
Como pieza icónica de
esta sala se encuentra la mesa para dibujo en la cual Mujica Millán realizo el
diseño de proyectos como la Catedral de Mérida.
Sala
oratorio:
Esta sala se busca
recrear un espacio dedicado a la oración de la época colonial. Es muy parecido
a una capilla, con un retablo, imágenes talladas en madera policromada de distintos
santos como San José, Santa Rita, y Santo Tomas de Aquino.
Aquí es importante
resaltar que el gran retablo en el que están dispuestos los santos, fue hecho
en el año 2005 pero no está adherido a la pared de la casa, pues cualquier
modificación que se le haga a esta casona podría afectar su carácter
patrimonial, es decir, su titulatura de monumento histórico (1963) podría
perderse.
Sala
ambientada en un comedor y sala- estar de una familia colonial
La ebanistería de esta
sala fue donada por familias de la Paz, Bolivia. Podemos observar un amplio
espacio que recrea la sala principal de una casa de la colonia. Vemos un grande
comedor de madera de principios del siglo XIX con su vinero y licorera,
muebles, pinturas, un piano de madera con teclas recubiertas de marfil. Y quizá
la pieza más curiosa de esta sala es el secretero bargueño, una bella pieza en
madera que cumplía funciones de escritorio, archivador, gavetero, y baúl para
viajes.
Valoración
de la ciudadanía hacia el Museo de Arte Colonial de Mérida
Hace unos años, la
fachada del Museo de Arte Colonial fue vandalizada, se observaban las paredes
de su entrada totalmente violentadas con rayones y grafitis, lo que evidenciaba
un claro desarraigo por parte de un sector de la sociedad hacia este monumento
histórico nacional.
Para este reportaje, se
realizó una encuesta a un total de 102 personas en edades comprendidas de 20 a
70 años residentes de la ciudad de Mérida. La encuesta consistía en
responder la siguiente pregunta:
¿Considera usted que el Museo de Arte Colonial de Mérida es importante para la
sociedad? ¿Por qué?
Los resultados
obtenidos a partir de esta pregunta arrojaron una respuesta bastante similar
entre los encuestados:
Alrededor de un 65% de
las respuestas eran afirmativas y consideraban importante a la institución por
fomentar la cultura y conectarnos con nuestra historia y raíces.
“Si es importante
porque es la expresión cultural de los ciudadanos, son nuestras raíces” María
Dávila (60 años)
“Nos permite conocer
nuestro pasado” José Rondón (23 años)
“Si es importante
porque la institución es una fuente de ingresos y trabajo” Lucía Salas (29
años).
No obstante, un 30% de
las respuestas evidenciaban que aún hay sectores de la población que hace vida
en la ciudad que no conocen el Museo de Arte Colonial, especialmente jóvenes
entre los 20 y 30 años. El 5% restante afirmaba que no era tan importante
porque exponía algo que ya paso y no mostraban interés hacia eso.
Pinturas,
esculturas, textiles, ebanistería y orfebrería como patrimonio artístico
La colección de obras
de arte de la época colonial es la razón de ser del Museo de Arte Colonial de
Mérida. La casa sede de este museo es el aditivo perfecto para tan importante
institución, pues se trata de una de las edificaciones que ha logrado conservar
su esencia colonial al paso de los años.
“La Sociedad Merideña cuenta con un patrimonio
que les pertenece, que es la colección de obras de arte del periodo colonial
latinoamericano. Es una riqueza cultural y artística que le pertenece a los
merideños y que adicionalmente proyecta mucho más a Mérida, porque es
latinoamericano y Mérida es un punto turístico por excelencia. Por lo que no
solo se propone el turismo desde el punto de vista geográfico sino que también
desde el punto cultural”, asegura Joel Cuevas, director del Museo de Arte
Colonial de Mérida.
Aunque la casa del
General Paredes es la que tiene el carácter de monumento histórico, la
colección de obras de arte es parte del acervo cultural no solo venezolano sino
también latinoamericano, puesto que gran parte de la colección es de otros
países de América Latina.
Una
fuente trabajo para quienes aprecian el arte, la historia y el turismo
Otra forma de ver el
valor del Museo de Arte Colonial, más allá de su importante carácter histórico y patrimonial, es a través de sus
aportes a la educación (el museo tiene entre sus labores un programa educativo,
un ejemplo son las visitas guiadas), el turismo y es una fuente de trabajo para
quienes hacen vida en esta institución.
“Es un museo que se dedica a la historia, y a
enseñarles, especialmente a los estudiantes la historia. Recibimos gran
cantidad de visitantes, más que todo turistas”. Teresa Rodríguez, promotora
cultural del museo, tiene 10 años en este trabajo.
“La importancia de este museo es grandísima,
las obras que están acá son netamente hispanoamericanas. En el poco tiempo que
tengo he visto que el museo es apreciado y que hay muchas personas de acá de
Mérida que nunca habían venido al museo y que se han motivado a venir. La
biblioteca también es visitada, sobre todo por estudiantes”. Deivis Ortega,
tiene alrededor de cinco meses como el bibliotecario del museo.
“El museo tiene tanto
la función de educar como de mantener el patrimonio y que este trascienda a las
distintas generaciones”. José Ramón Peña, tiene cinco años como promotor
cultural y es también estudiante de biología.
“Aquí se hace un
trabajo cultural excelente, además del resguardo de todas las obras coloniales
que provienen de varios países; Perú, Bolivia, México, Colombia y, por supuesto
de acá de Venezuela. También se hacen actividades culturales, se dan charlas,
conversatorios, y en el área externa de los salones está el espacio alterno
donde se hacen exposiciones cada mes de distintos tipos de artistas. Es por
esto que el Museo de Arte Colonial aparte de ser un museo es un pequeño centro
cultural”. Jorge La Cruz, pasante de la carrera de Letras mención Historia del
Arte, y con más de 10 años de experiencia como promotor en el museo.
El Museo de Arte
Colonial de Mérida nos recuerda nuestra historia, y aunque gran parte de su
colección está referida a la religión católica, esto nos comunica el entorno de una época colonial
en la que nuestros colonizadores usaron el arte como una forma de evangelizar y
por ende colonizar. Esto es parte de nuestra historia, y es parte nuestra
identidad como venezolanos y latinoamericanos.
Por Ottymar Peña



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